martes 27 de abril de 2010

LA CAVERNA DE PLATÓN

Para los que no conozcáis este relato, os pongo en situación con este resumen:

En el Libro VII de la República, Platón nos presenta el mito de la caverna.
En él describe a unos hombres que desde niños son encadenados para vivir en el fondo de una caverna, dando sus espaldas a la entrada. Atados de cara a la pared, su visión está limitada y lo único que ven, es la pared de la cueva sobre la que se reflejan las sombras de objetos que pasan delante de una gran hoguera.
Con la ayuda de un ser superior, uno de los hombres huye. El camino a la salida es difícil pero finalmente sale a la luz del día.
La luz lo deslumbraba, le producía ceguera momentánea y dolor. Esperó a que fuera de noche para irse acostumbrando a la tenue luz que reflejaba la luna, luego la luz del día al amanecer y finalmente pudo adaptarse a la luz del sol.
Entonces se dio cuenta, de que había vivido engañado toda su vida, con las imágenes reflejadas en el fondo de la cueva. Regresa a la caverna y les dice a sus compañeros, que las únicas cosas que han visto hasta ese momento son sombras y apariencias y que el mundo real está en el exterior. Le toman por loco y se resignan a creer en otra cosa, pues ellos solamente creen en la realidad de las sombras que se reflejan en el fondo de la caverna.

A veces me parece estar en la caverna de Platón.

Ahí, mirando las sombras que quieren ellos que vea, cuando la realidad está a mis espaldas y no me dejan mirar.
Últimamente me he quitado las cadenas y me he asomado lentamente, subiendo por la cuesta y he visto a los que nos tienen prisioneros sin dejarnos ver lo que realmente hay más allá.
Ellos están vigilando para que nadie vea la realidad, para que no podamos avanzar y así, seguir ellos haciendo de nuestras vidas un teatro de marionetas, utilizándonos como sparrings para sus ambiciones.

Gradualmente, he ascendido por la cuesta de la caverna hacia la luz y lo más aterrador es cuando bajo otra vez. Los que estaban encadenados junto a mí y que siguen mirando ininterrumpidamente las sombras, piensan que me lo imagino.
Solo les avisé una vez a mis compañeros de prisión, pero son tan sólidas esas sombras que los otros proyectan, que más que creerme, me lincharon y me tomaron por loca.

Ellos los tienen cegados y solo ven lo que les enseñan. Las sombras chinescas.
En realidad me gustaría que los demás se soltaran y vieran la luz que entra por la caverna, los bosques, montañas, ríos, el sol… la idea del Bien, como apuntó Platón.

No tengo más ganas de luchar por los demás. Tienen que soltarse ellos mismos las cadenas. Querer ver más que sombras y dejar de ser, ellos también, sombras reflejadas en la pared de la caverna proyectadas por la hoguera de los otros.

No hay más ciego que el que no quiere ver, dejarse llevar por la situación y no esforzarse en subir por la cuesta del conocimiento verdadero y el bien.

DHANÜR

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